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| Francisco Rodríguez frfrank611@gmail.com |
Las memorias culturales, simbólicas e
históricas, constituyen la plataforma sobre la cual se fundamentan los
proyectos de identidad de los pueblos. De tal manera que podríamos decir que
las memorias socioculturales son la conciencia histórica de los pueblos, son el
espíritu de los pueblos.
Si no hay memoria de lo vivido histórico no hay
identidad y los pueblos están obligados a adosarse a cualquier líder
autoritario que aparezca, a poderes
imperiales o procesos civilizatorios (Globalización, p.ej.) por el carácter de
desarraigo que esta situación significa.
Venezuela y muchos pueblos del mundo
que constituían sociedades tradicionales y grupos con especificidades étnicas
bien definidas están pasando hoy violentamente a ser sociedades pos-tradicionales
sin personalidad etno-cultural definida, por efectos del proceso de
globalización que constituye el sistema-mundo del capitalismo de mercado global
actual.
El caso específico de la región Guayana y específicamente Ciudad
Bolívar, se ha venido produciendo procesos de Deculturación y Despersonalización
colectiva que amenaza con convertir a la ciudad en una especie de “enclave
cultural” o “factoría neocolonial” tributaria de una civilización anglosajona
predominante hoy en el mundo como “núcleo duro” del proceso civilizatorio de la
globalización.
Esto tiene manifestaciones concretas en diversas dimensiones de
la formación sociocultural local y regional.
Así tenemos, entre otras, la
dimensión de las estructuras de conciencia social, modos de producción, la
dimensión sociocultural integrada por las universidades y el sistema educativo,
la dimensión estética, etc.
Podemos comenzar por esta última diciendo que los
cambios en la música, la danza, la narrativa y la poesía, nos hablan de
profundo cambios en la identidad colectiva cultural por la penetración cultural
de las estructuras mass-mediáticas.
Estos aparatos de difusión de una “cultura
de masas” de consumo masivo favorece la implantación de gustos musicales y
dancísticos que nada tienen que ver con la estética tradicional y la ciudad
como personalidad étnica determinada. Música “fast food” lista para llevar y
consumir, por ejemplo.
Las estructuras de conciencia social están orientadas
fundamentalmente al mercado como matriz de constitución de la Subjetividad.
La
educación tanto básica como superior se orienta a lo instruccional-instrumental
más que a la formación sociohumanística convirtiéndose así en “enclaves”
científico-técnocráticos que nada tienen que ver con la “Ciudad-Pueblo-Sociedad”
como referencia central de lo real social para el Sujeto-individuo de la vida
cotidiana.
De alguna manera Ciudad Bolívar es un Pueblo- Testimonio que esconde
dentro de su alma colectiva tesoros invalorables de memorias
histórico-simbólicas, de vividos históricos, de sentimientos trágicos de la
vida (la muerte de Piar, el asedio de Angostura durante mucho tiempo, etc.).
El Inconsciente colectivo de Ciudad
Bolívar son las voces del imaginario colectivo que grita en silencio que ella
está ahí como presencia eterna, que el Río no ha convertido estos imaginarios
en sedimentos y mucho menos lo ha arrastrado a las profundidades de los
océanos.


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