Por
David Javier Medina
Cuando Raghuram Rajan, ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo que el capitalismo se está desmoronando porque no brinda igualdad de oportunidades, en Venezuela un grupo de economistas sigue concentrado en construir la nueva economía.
Este economista de la India había advertido en el 2005 que los complejos productos financieros habían creado lo que llamó una “mayor probabilidad de un colapso catastrófico”, pero nadie le prestó atención, tampoco ahora, a pesar de que sus advertencias se cumplieron.
Los grandes responsables de esta ignorancia son las transnacionales mediáticas, una telaraña de empresas en todo el planeta que sostiene lo único que le queda al capitalismo "la confianza". Curiosamente lo que perdieron los líderes del poder económico entre sí, pues existe un reacomodo mundial que obliga sacrificar millones de personas, incluidos algunos millonarios. Pero es inevitable que tarde o temprano se conozca toda la verdad, más lo importante radica en la economía que debe nacer, la nueva economía, y ello pasa por cambios complejos en la sociedad, sus hábitos de consumo y sus relaciones colectivas de producción. Venezuela es el único país del mundo que en este momento se plantea semejante tarea.
Además de asumir las ideas de una nueva economía, se suma la tarea de saber comunicar las mismas, en un debate desigual porque conspiran el sistema de educación superior y la industria del analfabetismo, una combinación que el capitalismo utiliza con las universidades y los medios, graduando ignorantes y manteniéndolos ignorantes con los medios viejos y nuevos. La prioridad en esta pelea comunicacional es conectar las nuevas ideas con la esperanza.
La nueva economía debe dar esperanza pues el capitalismo finge una confianza que en el fondo resulta chantaje, extorsión y amenaza. Otro de los objetivos es la educación, y para ello se necesita investigación y organización, dos tareas imprescindibles para ganar tiempo y acabar con la excusa del cortoplacismo o la coyuntura de emergencia permanente.
No se puede hablar de economía en televisión si no hay investigación ni formación, y resulta evidente que el periodismo militante de la revolución termina siendo empalagosamente adulador, además de colaborador indirecto del discurso capitalista. Por eso caemos en el error de gastar toda la artillería en desmentir al enemigo como si no hubiesen más ideas que comunicar.
¿Cómo evoluciona la organización de los Clap, qué sucede con las personas que siendo opositoras trabajan voluntariamente distribuyendo toneladas de alimentos siguiendo lineamientos del gobierno para garantizar un precio justo?, es más interesante y real esa contradicción de los escuálidos que la dudosa información de que en los Clap están produciendo plátanos en el patio de un vecino.
Un comunicador inteligente se enfocaría en esa contradicción para convertirla en esperanza. Los Clap son una experiencia de la nueva economía, distribución de toneladas de alimentos que hacen las personas con su dinero y de manera voluntaria, pues ni siquiera aspiran a un cargo de concejal.
El gobierno puede eliminar los intermediarios políticos y burocráticos, y los Clap seguirían funcionando. Y nos podemos dar el lujo de ignorar la poderosa flota de distribución de la Polar. Pero no hay un solo programa radial o televisivo que informe tal fenómeno. La nueva economía no es encriptar la moneda, sería como afirmar que la nueva comunicación es googlear la esperanza.
El bachaqueo no es un delito, es una consecuencia de un modelo capitalista caduco que se expresa en la ausencia de control en la importación y la distribución. La nueva economía ha investigado esas causas estructurales, solo falta comunicarlas masivamente, y aquel que se oponga a esa tarea comunicacional queda bajo sospecha de colaborar con el enemigo.
No se da esperanza mostrando vacas y arroz en un programa de televisión balbuceando cifras o improvisando filosofía tapa amarilla con una burguesía revolucionaria. Pensar así sería repetir la esperanza que ofrece el capitalismo mostrando un auto lujoso y unas tetas perfectas. La nueva economía existe, está a nuestro alcance, solo que tenemos miedo de salir del río cuando cruzamos a la otra orilla.


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